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Imam Ali (P), un astro resplandeciente en el cielo de la virtud, desprendió su brío temprano desde el seno de la Ka’ba con esplendor. Su nacimiento es un fenómeno prodigioso y precursor de una realidad que se forjaría alcanzando su plenitud. Es un evento que ha roto los esquemas naturales cuyos ecos retumbarían en los horizontes de Ghadir Jum.

Por eso cuando el profeta (P) cerró el capítulo de la profecía en un acto atestiguado por una gran multitud:” Hoy he completado vuestra religión y he consumado Mi bendición sobre vosotros y estoy satisfecho de haberos dado como creencia el Islam” (1) inauguró una nueva etapa nombrando al imam ‘Ali (P) sucesor y ejemplo de rectitud: De quien yo sea su Maula ‘Ali es su Maula (maestro, guía…).

En realidad, Imam ‘Ali (P) era un hombre que se adelantó a su tiempo, el tesoro de la sabiduría del profeta (P) desde su natividad. Es una figura que sabe armonizar valores y sentimientos, tendencias instintivas y virtudes de un modo sobrio. Era el místico que desafió las pasiones con voluntad, enemigo de la comodidad material ya que, para él, es superflua. Se dirigió, una vez, a la vida mundana con un sentimiento tenaz: ¡Oh Dunia (este mundo material) a mí no me engañes, engaña a otros! (2). Efectivamente era un hombre ejemplar y sobresaliente. Se adornaba de la abnegación, altruismo, la nobleza y la honorabilidad.

Pero también es una persona fuera de serie en su comportamiento, sabiduría, adoración a Dios, su lucha en pro de la justicia y su ahínco por la equidad. Ha puesto todo su afán por la causa de Dios estando siempre junto con su maestro Muhammad (P) retando las dificultades.

Se trata de un hombre cuya concepción sobre la vida fue tomada desde unas dimensiones místicas y principios de integridad. De ahí su singular accionar en todos los sectores de la vida: a nivel individual, social y político.

Recordemos el alimento que tomaba el imam ‘Ali (P): dos panes al día con los que quedaba saciado. Su vestido, un par de pedazos de tela plagado de parches. Acordaos, cuando un día mientras estaba remendando sus sandalias se dirigía a Abdullah Ibn ‘Abbas diciéndole claramente: ¿Ves esa sandalia, tiene algún valor? Ibn ‘Abbas contestó no y el imam le dijo: juro por Dios que esa sandalia, para mí, es mejor que vuestro califato a no ser que este me sirva para defender la justicia o combatir la injusticia con perseverancia. Ese es ‘Ali (P). Un bosquejo de su perfil con toda naturalidad para quien es seducido por ideas falsas. Tal vez aprendamos algo de todo esto, pero solo cuando nos alejamos de la soberbia. Otro cosa seria la necedad.

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(1): La mesa 3 

(2): dicho número 75 de Nahyul Balagha.

Brahim Amal

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