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Sayed Razi es considerado como uno de los más grandes y eminentes sabios de la Escuela Shi’a, famoso por haber compilado el “Nahyul Balagha” (la colección de cartas, discursos y dichos del Imam Ali -P-).

Su nombre fue Muhammad, conocido como “Abul Hasan” y su título “Razi” o “Sharif Razi”. El término “Sayed” alude a su condición de descendiente del Profeta Muhammad (BPd).

El Sayed Razi (Que en paz descanse) nació el año 359 de la hégira lunar en la ciudad de Bagdad. Su padre fue Abu Ahmad Hasan Ibn Musa a quien le fue dado el título de “Tahir Dhul Manuqib”. Él fue un muy respetable hombre y causa de honor para la familia del Mensajero del Islam (PBd). Fue una personalidad de alto rango, honorable y noble.

Era un competente administrador y alguien respetado por toda la gente. El padre de “Sayed” se encargaba de supervisar las quejas de la gente, era el encargado de los peregrinos y viajeros a la Casa de Dios, así como de atender la situación en la que se encontraban los descendientes de la familia de Abu Talib. La madre de Sayed Razi era también una dama descendiente de la familia de ‘Ali (P), y llevaba el mismo nombre que su antepasada Fatimah.

Ella era una mujer virtuosa y digna. Dicen que el Sheij Mufid (Que en paz descanse), el sabio más eminente entre los Shi’ah y supremo religioso de su época, escribió por ella el libro “Ahakam An Nisa” (leyes prácticas especiales de la mujer). La ascendencia del Sayed Razi alcanza al Imam Al Qasim (P) en un espacio de cinco generaciones. Los antecesores de Sayed hasta llegar al Imam Al Qasim (P), todos ellos fueron de los compasivos y grandes de los descendientes del Profeta (PBd).

Era aún un niño cuando acompañado de su hermano “Sayed Murtaza” comenzó a estudiar. La historia de cómo iniciaron sus estudios estos dos hermanos es muy interesante. No habían transcurrido más que algunos años de la vida del Sayed Razi y del Sayed Murtaza, cuando su madre decidió llevarlos ante el sabio más famoso de la ciudad o sea el Sheij Mufid (Que en paz descanse) para que sus hijos aprovecharan de la sabiduría de este erudito y aprendieran las ciencias islámicas directamente de él. Por ello fue que tomó la mano de sus pequeños hijos y se dirigió hacia el lugar donde impartía clases el Sheij Mufid.

El Sheij Mufid, como era costumbre, se encontraba en la Mezquita de Borraza, ubicada en una de las colonias shiítas en Bagdad llamada “Karj”, donde impartía sus lecciones para un gran numero de sus estudiantes y los beneficiaba con su gran sabiduría. Súbitamente una dama muy digna y respetable entró en la mezquita. Ella -al mismo tiempo que tomaba las manos de sus dos pequeños hijos- se acercó al Sheij y después de saludarlo dijo: “¡Yo soy esposa de Dhul Manuqib y estos dos niños son mis hijos. Los he traído a vos para que les enseñéis las ciencias de la religión”. Los ojos del Sheij Mufid se llenaron de lágrimas al escuchar las palabras de la madre de estos dos pequeños.

Entonces por respeto a esa digna dama y a sus hijos se levantó y dijo así: “Anoche tuve una visión de Fatimah Zahra (P) la generosa hija del Gran Mensajero de Dios (PBd) tomando las manos de sus hijos Imam Hasan (P) y Imam Husain (P). Esta generosa los trajo ante mí, y después de saludar dijo: “Estos dos son mis hijos. Los he traído para que les enseñéis las ciencias de la religión”.

De esta forma fue que la visión del Sheij Mufid se hizo realidad, y con gusto aceptó hacerse cargo la enseñanza y educación del Sayed Razi y Sayed Murtaza. La importancia de la visión que tuvo el Sheij Mufid se basa prácticamente en que el nombre de la madre de estos dos niños era el mismo que el de la hija del Profeta (PBd), y el que ella era descendiente de Hazrat Fatimah Zahra (P).

El Sayed Razi y el Sayed Murtaza nunca olvidaron los favores y amabilidades que el Sheij Mufid mostró hacia ellos. Ellos dos siempre respetaron a su valioso maestro y a pesar de que en el futuro tuvieron otros instructores, el Sheij Mufid siempre contó con un respeto especial ante ellos dos.

La Ciudad de Bagdad en esa época era uno de los lugares más importantes para la adquisición de la ciencia. Y cualquier estudiante o alumno que contasen con mucha capacidad podía, utilizando los recursos de la ciudad, cursar los diferentes grados sin dificultad ni pérdida de tiempo. El respetable Sayed Razi y su hermano se beneficiaron también grandemente del ambiente científico y de los sabios de esa ciudad, y adquirieron rápidamente las ciencias islámicas de los destacados maestros.

El respetable Sayed Razi al mismo tiempo que adquiría las ciencias religiosas, de vez en cuando expresaba algunas poesías. A pesar de que tenía menos de diez años, sus bellas y agradables poesías había dejado maravillados a todos. A los nueve años declamó una elegía para honrar a su padre. En agradecimiento a la gran capacidad de su hijo, su padre quiso entregarle un premio, pero Sayed rechazó el presente diciendo: “¡Padre mío! Yo he recitado esta elegía por el gusto de tener a un padre como tú, no para recibir una recompensa o premio”.

En esa misma edad recitó también una bella elegía en el funeral de uno de sus maestros, y con ello agradeció a éste por todas sus instrucciones. Antes de cumplir los treinta años, sus poemas se habían echo famosos, en tal forma que “Sahib Ibn ‘Abbad” -que era uno de los ministros y políticos de esa época que estaba bien informado en el campo de la poesía y declamación -envió a una persona a Bagdad para que le consiguiera una copia de los poemas de Sayed Razi. En ese entonces Sayed tenía únicamente veintiséis años.

 BIAB 

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